Brahms es considerado como uno de los grandes sinfonistas del siglo XIX, pero con un estilo mucho más clásico que el de Bruckner y Wagner.
Considerado por muchos la tercera B de la música alemana junto a Bach y Beethoven, Brahms apenas tuvo formación escolar, ya que su padre, músico de orquestas de segunda en las que tocaba el contrabajo y la trompa, al ver el talento musical de su hijo, le sacó del colegio para que se dedicara exclusivamente a la música.
A los siete años comenzó sus primeras lecciones de piano y a los diez ya ofreció su primer concierto público. Debido a la penuria económica que pasaba la familia en ese momento, su padre decidió explotar al joven Johannes haciéndole tocar en tabernas de mala reputación, circunstancia que marcó de forma negativa la vida de Brahms, quien nunca supo tratar con las mujeres de la alta sociedad, mostrando siempre su lado grosero e indiferente a los demás, pese a que en su mundo interior desbordaba una sensibilidad y una ternura que solo podía expresar a través de su música.
Cuando era joven conoció a Schumann, quien le ayudó mucho en sus primeras andanzas como compositor, lo que desembocó en una gran amistad que perduró hasta el final de sus días. Brahms es considerado como uno de los grandes sinfonistas del siglo XIX, pero con un estilo mucho más clásico que el de Bruckner y Wagner.
La obsesión o la influencia de Beethoven era patente. Decía: “No se puede componer nada después de la Novena sinfonía de Beethoven”. De hecho, Brahms no escribió su primera sinfonía hasta los cuarenta y tres años, cuando ya estaba seguro de que no iba a hacer el ridículo ante la sombra del gran maestro sordo. Tal es la continuidad de la obra de Beethoven que la Primera sinfonía de Brahms es considerada por muchos como “la décima sinfonía de Beethoven”.
Como se puede observar, en la segunda mitad del siglo XIX hay dos estilos muy diferentes: uno completamente nuevo y transgresor, marcado por Wagner y Bruckner, y otro más clásico, marcado por Schumann y Brahms.
Johannes Brahms empezó componiendo lieder, sonatas para piano y obras de cámara, géneros que desarrolló toda su vida. Dentro de su obra sacra hay que destacar su ‘Requiem alemán Op. 45’. En su obra sinfónica destacan sus cuatro sinfonías, su Concierto para violín ‘Op. 77’, sus dos Conciertos para piano ‘Op. 15’ y ‘Op. 83’ y su ‘Doble concierto para violín y violonchelo ‘Op.102’.
Anecdotario
¿Sabía que… cuando Brahms ya era un reputado compositor, un gran experto en vinos invitó a cenar al genial maestro, que también entendía y disfrutaba de este manjar de Baco? Pues bien, su anfitrión sacó una botella de su bodega, y ofreciéndole una copa al compositor, le dijo: “Este es el Brahms de mi bodega”.
Johannes observó el vino, respiró su bouquet y tomó un sorbo. Dejando la copa sobre la mesa y esperando unos segundos para decir algo, al final preguntó: “¿Qué clase de vino le gusta a usted? Mejor será que saque su Beethoven”.
Incluso hablando de vinos queda clara la veneración que Brahms sentía hacia el gran genio de las nueve sinfonías.
