Podemos decir que el Barroco italiano fue el que abrió las puertas a la música ligera (bien entendida) y a la diversión. 

Si no eres muy aficionado a la música clásica, te recomendamos empezar por el Barroco italiano (Vivaldi, Corelli o cualquier compositor transalpino de entre 1650 y 1740), continuar con el Barroco inglés (Purcell o cualquier compositor británico del siglo XVII), seguir avanzando por el Barroco francés (Lully o cualquier compositor galo aproximadamente de la misma época,) para terminar por el Barroco alemán (Bach o cualquier compositor germano de entre 1630 y 1720).

A la hora de hablar de Vivaldi se puede hablar de cuatro Vivaldis diferentes:

  1. El Vivaldi violinista. Se dice que era tan virtuoso que el Papa le llamó dos veces a sus aposentos para poder escucharle en privado.
  2. El Vivaldi cura, (aunque no lo fuera por vocación). Se trataba de un desenlace lógico en la época, en especial en las familias numerosas, y nuestro protagonista fue el primero de cinco hijos. Al no existir el derecho de primogenitura en Venecia, ciudad en la que nació Vivaldi, un hijo sacerdote evitaba la dispersión de los bienes de la familia, al mismo tiempo que le aseguraba una buena cultura y un empleo tan estable como prestigioso. Ante esta situación, no quedaba otra más que nuestro Antonio tomara los hábitos.
  3. El Vivaldi maestro. En Venecia había cuatro importantes hospicios, y Vivaldi fue el maestro de uno de ellos: el Orfanato femenino de La Pietá donde ejerció su labor durante más de veintitrés años. Por ese motivo compuso numerosos conciertos para diferentes instrumentos, con el fin de que que todas las huérfanas que allí residían pudieran participar en la orquesta, mostrando sus cualidades.
  4. El Vivaldi empresario. Su juventud está marcada por el apogeo de la ópera veneciana, género popular por excelencia. Vivaldi, preocupado por el dinero, fue empresario del Teatro Sant’Angelo, acumulando así un triple sueldo: el de compositor, el de instrumentista-director musical y el de empresario.

La faceta más interesante de Vivaldi

Esta faceta de la que hablamos es la de compositor. Su producción fue numerosísima: escribió cuarenta y seis óperas, ciento noventa y cinco composiciones vocales entre las que se cuentan sesenta obras sacras, cuarenta y cinco cantatas de cámara, ocho obras escénicas breves y setenta sonatas, así como quinientas cincuenta y cuatro composiciones instrumentales, en su mayoría conciertos. Los más conocidos son los doce que componen Il cimento dell’Armonia e dell’Invenzione (1725).

Los primeros cuatro conciertos incluyen las célebres Cuatro estaciones: el nº 1 en Mi mayor, conocido como La primavera; el nº 2 en Sol menor: El verano; el nº 3 en Fa mayor: El otoño, y el nº 4 en Fa menor: El invierno.

Recomendación

  • Si no ha escuchado las archiconocidas Cuatro estaciones no deje de hacerlo, a ser posible leyendo los versos que hacen referencia a cada parte musical.
  • Gloria in excelsis Deo. Una obra con fuerza y profundidad, diferente del Vivaldi que conocemos todos a partir de sus conciertos.
  • Si es usted muy atrevido y quiere descubrir un Vivaldi mucho más diferente, profundo, místico y arrollador, le invito a escuchar el Magnificat y el Stabat Mater.

Anécdota

¿Sabía que… Vivaldi, cuando estaba oficiando una de las dos únicas misas que celebró en vida, se salió a la sacristía en mitad de la eucaristía para escribir una melodía que se le acababa de ocurrir? Con esto deja en evidencia que era más músico que cura.

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